Textos / Lecturas reúne escritos que dialogan con los proyectos presentados en esta web. Son aproximaciones parciales y situadas, pensadas como capas de lectura y no como explicaciones de la obra.
El jardín de la soledad
Claudia Arcos. Texto escrito para el proyecto El jardín de la soledad (Fototeca de Cuba)
El jardín de la soledad se inscribe en la memoria de la larga y convulsa tradición azucarera cubana, entendida no solo como sistema productivo, sino como paisaje cultural y forma de vida. El proyecto reúne imágenes procedentes de dos series realizadas por Ricardo Elías en 2023: El jardín de la soledad y Caminos negros, ambas articuladas a partir del desplazamiento, la observación y la experiencia directa del territorio.
Caminos negros surge de recorridos por la llanura Matanzas–Cienfuegos, una de las zonas históricamente más vinculadas a la industria azucarera. El desmantelamiento de numerosos centrales en las últimas décadas provocó la desaparición de bateyes y de los entramados humanos que se organizaban en torno a ellos. Estos paisajes, hoy fragmentados y silenciosos, conservan sin embargo una fuerte carga simbólica y cultural, asociada tanto a la memoria colectiva como a múltiples expresiones de la cultura cubana.
Por su parte, El jardín de la soledad se desarrolla en el actual Jardín Botánico de Cienfuegos, antiguo enclave de investigación asociado al cultivo de la caña de azúcar. El lugar, conocido popularmente como “el jardín de la soledad”, fue durante décadas un espacio de experimentación científica y productiva, hoy transformado en un territorio donde la vegetación ha ido reconfigurando las huellas de su pasado industrial.
En ambos casos, el paisaje aparece como un espacio atravesado por capas de tiempo, donde la desaparición de la actividad productiva no implica ausencia, sino una forma distinta de presencia. Las imágenes no documentan un acontecimiento, sino que se detienen en aquello que persiste: restos, silencios, estructuras detenidas, vegetación que avanza. El recorrido y la caminata funcionan aquí como herramientas para activar una mirada atenta a lo residual y a lo aparentemente inmóvil.
Lejos de proponer una lectura cerrada, el proyecto se sitúa en un umbral donde memoria, territorio y experiencia se superponen. El paisaje se presenta así como un espacio en transformación constante, en el que la historia no se narra de manera lineal, sino que emerge de forma fragmentaria, a través de lo que permanece y de lo que se desvanece.
Fragmento de Hombre que baila con La Habana: La ciudad y sus fantasmas en el arte del siglo veintiuno.
Antonio Eligio (Tonel)
Al centro de la serie se erige una colección de imágenes impresionantes, todas describiendo el abandono y la ruina de la arquitectura y las máquinas que sirvieron como columna vertebral en el sistema de producción del azúcar (…) lo retratado -torres que se ya se tambalean, locomotoras que no van a ninguna parte, techos derruidos, maquinarias paralizadas- forma parte de capítulos extraordinarios, admirables tanto como dolorosos, de la historia nacional.
Caminos negros
Caridad Blanco
En noviembre del 2004 ese interés por la Historia que caracteriza la obra de Ricardo G. Elías tomó una nueva ruta de reflexión, a partir de investigar en torno al peso de la industria azucarera en el desenvolvimiento de la nación.
La decisión gubernamental tomada en el 2002, que definió el paso hacía el redimensionamiento de esa industria en Cuba, dejó una marca política, económica y social que se lee en las localidades donde la agroindustria fue la principal fuente de empleos y el eje a partir del cual se organizaba la vida en esas regiones.
La riqueza o fragilidad de la Isla emerge en las visiones de Elías de dichas zonas y resultan, en cuanto a su desempeño, veinte años de arqueología industrial. Un work in progress, en el que las máquinas, los centrales, los individuos, la tierra y el entorno han sido motivo de análisis para el artista. Un relato y ensayo fotográfico multiforme: político-económico, poético-filosófico.
La meditación crítica propuesta por Ricardo G. Elías es también de orden existencial, y ha estado estructurada a partir de cuatro grandes series a lo largo de las últimas dos décadas. Caminos negros -entre las más recientes- define su exposición personal en FOTOCANÍMAR. Un relato con fotos a color, paisajes, despojos industriales y silencio.